Manchester frente al mar y cómo educar a tus hijos

Leí en algún blog sobre cine que esta película era “como la vida” y, una vez la has visto, resulta imposible que no te identifiques con algo de todo lo que te acaba de pasar por encima. No es divertida, y según para qué tipo de público tampoco será entretenida (como la vida), pero MANCHESTER FRENTE AL MAR te va a contar una historia sobre la culpa que te agarra por el cuello y no va a soltarte hasta unos días después de haberla terminado. Sigue leyendo

Efecto Phi – 2. Homenaje al cine, la nostalgia de Totò y las moscas cretácicas

En el segundo programa de Efecto Phi despedimos el curso con un auténtico homenaje al séptimo arte. Hablamos de cine dentro del cine. Nos enamoramos de las películas con Cinema Paradiso, pedimos ayuda para nuestro proyecto en Cautivos del mal, preparamos los mejores efectos con La noche americana, buscamos la inspiración con Ocho y medio y vivimos el choque de culturas con A través de los olivos. Sigue leyendo

Piratas del Caribe y el modo trineo

Reconozco que mi perspectiva cambió tras el segundo visionado. Decepcionante la primera vez, algo menos la segunda. Tenía previsto darle título a este texto haciendo referencia al nombre en inglés de la película para preguntarme, de esa manera, si esa saga que tanto adoraba de niño había sido exprimida ya al máximo hasta el punto de resultar una caricatura. Sí es cierto que esperaba más, pero me quedo con la idea de que no es tan mala como pensé al principio. Sigue leyendo

Efecto Phi – 1. Ridley Scott, el cyberpunk y el simbolismo fálico de Alien

En el primer programa de Efecto Phi aprovechamos el estreno de Alien: Covenant para repasar la saga creada por Ridley Scott, desde Alien: El octavo pasajero hasta esta última entrega. En la segunda hora, continuamos hablando del director inglés, esta vez de Blade Runner, comentando además las principales películas del género del cyberpunk. Nos da tiempo a hablar de todo: de los aliens de resaca, de los gatos actores y de nuestros amigos los replicantes. Pero no todo iban a ser sonrisas: también hablamos de Dark City. Sigue leyendo

Echando más pan para los patos

Publicado el 22 de mayo en Zenda.

Uno de mis temas favoritos a la hora de lanzar críticas: las redes sociales. El lugar donde todo vale cuando estás oculto bajo un nombre de usuario. Donde se empieza discutiendo de si Messi es mejor que Cristiano y se acaba hablando de que si eres un nazi o de que si tu madre tal cosa o tal otra. Reverte no deja de lado este tema: las redes sociales son fascinantes, siempre y cuando vayas a ellas con cuidado y con la debida formación. Tienen la pega de que no jerarquizan el caudal, y allí hace el mismo ruido una opinión de un filósofo, un científico o un historiador que el eructo de un indocumentado imberbe al que jalean populistas y analfabetos; pero para eso, como digo, está el currículum de cada cual. Para diferenciar el oro de la basura. El problema es que los sistemas educativos actuales, con su obsesión por aplastar la inteligencia crítica y fabricar borregos en masa, van a limitar mucho ese sano ejercicio en el futuro. Pero bueno. Ni yo voy a estar aquí para verlo –o al menos no demasiado tiempo– ni ése es el motivo de que hoy teclee estas líneas.

Así comienza un texto de crítica hacia este mundo de las redes sociales, donde tiene la misma trascendencia “la opinión de un científico que el eructo de un indocumentado”. Para empezar, Reverte critica, no tanto la presencia de esos “borregos” (que siempre los ha habido), sino el sistema que lo permite y en ocasiones lo apoya. La primera crítica es hacia ese sistema educativo y para los que no saben separar el grano de la paja, “pero para eso, está el currículum de cada cual”.

Me mantiene en contacto con la irrealidad del mundo real, dice Reverte. Lo más fascinante de las redes sociales no es su reflejo de la realidad, sino la faceta dislocada, absurda a menudo, que de ella muestran. […] Cuando las redes se convierten en retrato disparatado, caricatura grotesca del ser humano construyendo o pretendiendo hacerlo, con la osadía de su ignorancia, la arrogancia de su vanidad o lo turbio de su infamia, un mundo virtual que nada tiene que ver con el real.

Habla de ese mundo distópico que parece haber en Twitter, esa red social con un lenguaje propio (ahora la persona que te gusta es tu crush. Ah…), con sus propios ídolos, donde lo que importa es hablar más alto para tener razón y si es posible ridiculizar al de enfrente… No soporto la mayoría de lo que veo en las redes sociales y este artículo no podía faltar.

Twitter, el lugar donde unos pocos se apropian de lo que es de muchos. Y así, asuntos serios y urgentes como los derechos de los animales, la convivencia social, el feminismo, el respeto a la mujer, la lucha contra el racismo, la política, se ven constantemente envilecidos por aquellos que, paradójicamente, a veces con más voluntad y fanatismo que preparación real o dotes intelectuales, los desacreditan al proclamarse, sin otro título que la propia voluntad o capricho, sus defensores a ultranza.

La razón es simple y triste: las nuevas tecnologías, que deberían hacernos más preparados y más libres, también contribuyen a hacernos más estúpidos. […] Hasta no hace mucho, alcanzar voz pública requería pasar una serie de filtros naturales basados en formación, educación y, por supuesto, talento personal o capacidad expresiva. O valías, o tenías algo que decir y sabías decirlo, o nadie te prestaba atención. […] Ahora, ese importante territorio se ha democratizado y cualquiera puede acceder a él. Afortunadamente, hay más voces para elegir. Más lugares para opinar. Pero eso, que tiene innumerables ventajas cuando esas voces tienen un peso específico valioso, se vuelve desventaja cuando el opinador es una mula de varas, un demagogo perverso o un imbécil que grita fuerte.

Reverte también se queja de ese revisionismo ya mencionado anteriormente en este blog, cuando “rebotan” sus artículos de hace veinticinco años y se interpretan con los ojos del hoy. Se confiesa Reverte un verdadero admirador de echar pan a los patos para ver cómo reaccionan.

El día que nos invadieron los ingleses

Publicado el 24 de abril en Zenda.

En este texto, Reverte cuenta una invasión ficticia de España por parte de Inglaterra, caricaturizando así algunas de las costumbres de este país, y cómo serían las reacciones ante dicho ataque. El artículo comienza como si se tratara de una carta de un soldado inglés a Daisy, que sería su mujer, que le estaría esperando en Inglaterra. El texto tiene una carga especialmente importante de ironía, con críticas a todos los elementos que aparecen en la historia.

Ya al principio se lanza un dardo al diario amarillista The sun, y a la opinión que tiene de los españoles, o cómo en las novelas de Dudley Pope los marinos españoles son siempre cobardes (algo de lo que ya habla en su libro de relatos Los barcos se hunden en tierra). Poco después se habla de cómo los ingleses organizarían una despedida a sus soldados como si se dirigieran a una guerra, ridiculizando un poco una misión que se limitaría a tomar Gibraltar. También critica el comportamiento que tendrían todos los grupos políticos ante una invasión:

Ese diputado de Podemos argumentando su rechazo a tomar las armas porque la guerra es un acto fascista. Esa diputada del Pesoe afirmando que repeler una agresión británica era violencia de género, pues entre las tropas británicas había mujeres soldado. Ese diputado de Ciudadanos condicionando su apoyo a la defensa nacional a que dimitiera la ministra de Defensa. […] Y el presidente Rajoy asegurando que España debía defenderse pero lo mismo no debía, y mientras el Tribunal Supremo y el Tribunal de Estrasburgo decidían la cosa, pues quizá, o tal vez, o ya veremos. Y en el ayuntamiento de Madrid, una pancarta grande colgada: Welcome refugees and british troopers.

Tampoco se libra de la crítica irónica la Armada: al llegar a las aguas territoriales españolas, nos salió su flota al encuentro. En realidad lo que salió fue una fragata de segunda mano […]. Reverte (suele hacerlo) habla de un ejército bien preparado aunque mal dotado, y sobre todo, critica un Estado en el que hay que pedir permiso y perdón por cada disparo (a veces comparándolo con lo que pasa si entran a robar en casa de uno aquí y en Estados Unidos): Pudimos interceptar sus comunicaciones con el mando. «Permiso para atacar», decía su comandante. «Observe e informe», le respondían. «Son un huevo de ingleses –insistía el marino–. Solicito permiso para atacar». «Observe e informe», le decían los otros. Y así todo el rato. Al fin, colmada su paciencia, el comandante transmitió a Madrid: «Me voy a cagar en vuestra puta madre». Y Madrid respondió: «Vuélvase al puerto, Manolo. Y no joda». Y eso fue todo.

Y aquí llega el que para mí es el párrafo clave del texto:

Y así llegamos a la zona de desembarco, que era una playa cercana a Gibraltar. Allá fuimos, arma en ristre, dispuestos a dar la vida por Gran Bretaña, y en vez de encontrarnos con el enemigo nos encontramos a dos guardias civiles mirando de lejos, tomándose una cerveza en un chiringuito de la playa, y a toda la colonia inglesa en España, o sea, unos setecientos mil fresadores de Manchester jubilados, amontonados allí para recibirnos, agitando banderas británicas y borrachos hasta las patas, ofreciéndonos vasos de sangría y taquitos de jamón y queso. […], y las playas y los hoteles cercanos estaban petados de turistas y hooligans vomitando cerveza y bailando música discotequera, haciendo calvos y tirándose por los balcones a las piscinas, desnucándose en su mayor parte, los hijoputas.

Crítica a todo lo que se pone por delante: crítica a la ridícula épica inglesa que tendría esta invasión (según Reverte en varios textos, los británicos son muy de glorificar todas sus victorias y hacer desparecer de la historia las derrotas), crítica a lo que se podrían encontrar los ingleses al llegar, crítica al turismo masivo (como dice a veces, turismo de sangría y chancleta). Y una última, cerrando la carta: Así que, mi amor, lamento comunicarte que fuimos a la guerra pero no encontramos contra quién. La Legión, que es lo mejor que tienen, estaba en Málaga a las órdenes de un tal Antonio Banderas, sacando a no sé qué Cristo en procesión.

Intolerancia y otras idioteces

Publicado el 17 de abril en Zenda.

De vuelta al tema de la intolerancia y el buenismo, Reverte critica esta vez la intención revisionista de la historia de los libros de texto. Para el murciano, no hay nada más ridículo que intentar ver el pasado con los ojos del presente. Y esto quiere decir hablar de derecho humanos en la antigua Roma, o de tolerancia en la Edad Media, algo que es propio de un país como el nuestro, donde cuando se celebre el Día del Orgullo Gilipollas no vamos a caber todos en la calle.

En uno de estos libros de texto, concretamente de 5º de Primaria, Reverte encuentra la siguiente pregunta: “¿Crees que los Reyes Católicos eran tolerantes? ¿Qué opinas sobre que se obligue a las personas a practicar una religión?” Evidentemente no, como nadie en su época. La tolerancia, como la entendemos hoy, estaba reñida con el poder, con las nacionalidades que se empezaban a afirmar –la española fue de las primeras– y con la guerra y la violencia, instrumento habitual de relación entre comunidades, territorios, pueblos, estados y religiones. Con tolerancia no se habría construido España, como tampoco ninguno de los países hoy conocidos.

Evidentemente, Reverte no justifica eso, pero sabe observarlo con perspectiva histórica, en un momento en el que lo más importante no eran los derechos humanos sino el poder. Para Reverte esto sólo sirve para cargar la historia de España de complejos, sabiendo que nadie que deseara ser poderoso fue tolerante, desde Atapuerca hasta Lenin, y todos los que vinieron después. Termina el texto con otra crítica, esta vez a quienes son más de escuchar y copiar opiniones en vez de interpretarlas por sí mismos:

Nuestro pasado fue tan crudo, triste, fascinante y admirable como el de cualquier otro país. Transcurrió en un mundo en el que todos jugaban con las mismas reglas, o ausencia de ellas. Juzgar a sus actores con ojos del presente es una injusticia y un error, sobre todo en esta España que vive mucho de lo oído y poco de lo leído. Aplicar la mirada ética de hoy a los hechos de entonces no sirve sino para que los jóvenes renieguen de una historia que no es mejor ni peor que en otros países o naciones. Así que no mezclemos churras con merinas. Preguntemos a un joven estudiante si un neonazi, un maltratador de mujeres o un yihadista son tolerantes, y situemos a los Reyes Católicos en el contexto que les corresponde. El deber de un sistema educativo es conseguir que la historia, el pasado, la memoria, se estudien para comprenderlos. No para condenarlos desde la simpleza y la ignorancia.